lunes, 2 de septiembre de 2013

El placer de leer a Freud 1 de 2 partes

El placer de leer a Freud
JUAN DAVID NASIO, GEDISA, 1999


Por: Axen


Primera de 2 partes

Este libro es una clave para ingresar con placer en lo esencial de los escritos Freud. Está destinado tanto al estudiante que se acerca por primera a la obra freudiana como al analista confirmado que no cesa de indagar en los fundamentos del psicoanálisis.


La obra se divide en tres partes
Una síntesis clara y rigurosa de las ideas freudianas
Una selección de las citas más importantes de los textos de Freud
Una biografía de Sigmund Freud resumida en un cuadro


Juan David Nasio, psicoanalista y psiquiatra es director de los Seminarios Psicoanalíticos de París y docente en la Universidad de París (Sorbona).
Ha publicado numerosas obras muchas de ellas traducidas al castellano, como "El magnífico niño del psicoanálisis", "El niño del espejo" (junto con Françoise Dolto), "Enseñanza de conceptos cruciales del psicoanálisis", "La mirada en psicoanálisis", "Cinco lecciones sobre la teoría de Jacques Lacan" y "Grandes psicoanalistas" (2 vols.), todas ellas publicadas por Editorial Gedisa.


* * *


Dadas las características del tema, sobre todo que considero debe abordarse con cierto grado de rigor metodológico, es que decidí dividir en 2 entregas esta reseña. En la primera abordaremos el esquema del arco reflejo. En la segunda relacionaremos ese arco con lo propuesto por el autor del libro.
Seguramente habrá quienes consideren que un texto como este es ya materia corriente. Aquellos cercanos al pensamiento de Freud dirán que es mejor leer directamente las obras del fundador de la disciplina: y estoy de acuerdo con tal afirmación. Pero de lo que se pretende es de no colocarse en un lugar superior al otro: todo texto que se posicione como puerta introductoria a la materia, y más si es alguien ajeno al psicoanálisis quien lee ese texto , bien pudiera ser de mucha ayuda para entender al autor y a la obra.
“El genio de Freud es haber comprendido que, para captar las cusas secretas que animan a un ser, que animan a ese otro que sufre y a quien escuchamos, en primer lugar y por encima de todo hay que descubrir esas causas en uno mismo, hay que volver a uno mismo.” Página 17.
El autor propone un esquema básico del funcionamiento mental según lo encara el psicoanálisis y tal como se confirma en la realidad concreta de una cura.
La concepción freudiana de la vida mental, puede formalizarse así:

Desde el proyecto de una psicología para neurólogos en 1895, hasta su última obra, Esquema de psicoanálisis, en 1938, Freud no cesa de reproducir ese esquema. La construcción de este esquema tiene como base un modelo conceptual de la neurofisiología del siglo XIX  empleado para explicar la circulación del flujo nervioso, conocido como el Arco reflejo.
 El esquema del arco reflejo es simple: Dos extremos, el de la izquierda, polo sensitivo, donde el sujeto percibe la excitación, es decir, la inyección de una cantidad “x” de energía. El de la derecha, polo motor, donde el sujeto libera la energía recibida mediante una respuesta inmediata del cuerpo.
Entre ambos extremos se instala así una tensión que aparece con la excitación y desaparece con la descarga motriz. El principio que regula este trayecto en forma de arco resulta, pues, muy claro: recibir energía, transformarla en acción, y, en consecuencia, disminuir la tensión del circuito. Trasladado este esquema al funcionamiento psíquico toma matices similares y también ciertas diferencias (recordemos que este esquema sigue siendo neurología, no psicoanálisis).
El movimiento general del psiquismo tiende a obedecer a este principio orientado a la descarga total de la tensión, pero no lo logra: en la vida psíquica la tensión no se agota jamás.
Este principio de disminución de la tensión que se debe considerar más como una tendencia y nunca como una realización efectiva, lleva en psicoanálisis el nombre de Principio de displacer-placer.
En el polo izquierdo, el sensitivo, encontramos dos características del psiquismo.
La excitación es siempre de origen externo, jamás interna. Se trate de una excitación procedente de una fuente externa, por ejemplo el shock al experimentar un accidente de auto, o se trate de una excitación de una fuente orgánica, la excitación es siempre interna al psiquismo, pues tanto el shock como la excitación interna crean una impronta psíquica comparable a un sello impreso en la cera.
La fuente de excitación endógena situada en el polo sensitivo del aparato psíquico, es una idea, una imagen; un representante ideativo cargado de energía, llamado también, representante de las pulsiones.
Una segunda característica es que este representante, cargado una primera vez, tiene la particularidad de continuar permanentemente excitado. Es imposible pues, suprimir por completo una tensión que se realimenta sin pausa. Semejante excitación ininterrumpida mantiene en el aparato un nivel elevado de tensión que el sujeto vive dolorosamente como una incitación constante a la descarga. Esta excitación penosa que el aparato trata en vano de descargar sin conseguirlo es lo que Freud denomina Displacer.


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